El nombre del Instituto, es un homenaje al eminente pensador chino que nació en el pueblo de Qufu, actualmente provincia de Shandong, y vivió entre los años 551 y 479 AC).

Muchas son las virtudes que se han destacado de Confucio a lo largo de la historia de oriente y occidente. Entre todas ellas, nos gustaría rescatar la que, por la índole de nuestro Instituto, lo enaltece en grado sumo y es su condición de educador. En efecto, su nombre literalmente significa Maestro Kong (K’ung-fu-tzu) y en honor a ese nombre desplegó durante toda su vida una fuerte vocación hacia el estudio y la enseñanza.

A pesar de que sus lejanos antepasados pertenecieron a una aristocrática familia de la dinastía Shang, su niñez transcurrió en la pobreza por la muerte temprana de su padre. No obstante recibió una esmerada educación y llegó a ocupar cargos oficiales en la administración de la Justicia, posición a la que renunció pronto por no acordar con los principios de su ejecución. Luego de su dimisión, emprendió una vida de maestro itinerante con el propósito de difundir sus enseñanzas. Durante muchos años recorrió diversas regiones de China formando a cientos de discípulos, muchos de los cuales pertenecían a familias cuya pobreza no les hubiera permitido pagar estudios.

Los últimos años de su vida los dedicó, junto a algunos de sus seguidores, a recopilar sus enseñanzas en compendios cuyo contenido nos han llegado como “El libro de la poesía”, “El libro de la historia”, “El libro de las mutaciones”. Por su parte, los discípulos recogieron sus enseñanzas en el libro conocido como “La Analectas”.

Numerosas instituciones en el mundo (gubernamentales y no gubernamentales) están dedicadas al estudio y difusión de la obra del maestro chino. En el año 2000 se fundó en Shangdon (su ciudad natal) la primera universidad destinada al estudio de la obra de Confucio y su influencia en las humanidades y las leyes. En 1994, la UNESCO declaró la residencia de la familia de Confucio como Patrimonio de la Humanidad.